El 4 de mayo de 1996, la sociedad dominicana quedó paralizada por la noticia del asesinato de José Rafael Llenas Aybar, un niño de apenas 12 años, cuyo cuerpo fue hallado en el arroyo Lebrón, en el kilómetro 24 de la autopista Duarte.
La brutalidad del crimen, con 34 puñaladas, y la identidad de los responsables ,su primo Mario José Redondo Llenas y su amigo Juan Manuel Moliné Rodríguez, convirtieron el caso en un símbolo de traición, violencia y pérdida de valores en el país.
El proceso judicial fue seguido con atención nacional e internacional. Redondo Llenas fue condenado a 30 años de prisión y Moliné Rodríguez a 20, ambos por asesinato premeditado. Durante el juicio se mencionaron posibles vínculos con prácticas ilícitas y rituales, aunque nunca fueron esclarecidos del todo, lo que alimentó la percepción de misterio e impunidad.
Moliné cumplió su condena y fue liberado en 2016, mientras que Redondo se encuentra próximo a obtener su libertad en mayo de 2026, tras agotar la totalidad de su pena.
El caso, bautizado como “el crimen del siglo”, no solo impactó por la violencia ejercida contra un niño, sino por la procedencia social de los implicados, pertenecientes a familias acomodadas. La idea de que la maldad podía surgir desde los espacios más íntimos y privilegiados generó un debate profundo sobre la juventud, la moral y la justicia en República Dominicana. La cobertura mediática fue intensa y el nombre de José Rafael se convirtió en un símbolo de inocencia perdida.
Treinta años después, el recuerdo sigue vivo. La próxima libertad de Mario José Redondo Llenas ha reavivado el dolor de las familias y la indignación de la sociedad, que aún percibe el caso como una herida abierta. Para muchos, el crimen expuso la fragilidad de los valores familiares y la necesidad de fortalecer el sistema judicial frente a delitos graves. Para otros, se trata de un recordatorio de que la violencia puede surgir en cualquier entorno y que la memoria colectiva no olvida.
El caso Llenas Aybar permanece como uno de los episodios más oscuros de la historia reciente dominicana. Su impacto trasciende lo judicial y se mantiene como referencia en estudios académicos, debates sociales y conversaciones cotidianas.
Fuente: Hoy










