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Estados Unidos de Norteamérica: el sueño que compramos

Con un promedio de 3,000 pasajeros por día desde Estados Unidos hacia la República Dominicana, las festividades navideñas son sin duda la época en la que la mayor parte de nuestros connacionales visitan nuestra bella Quisqueya en busca de ese calorcito que solo nuestro pueblo es capaz de brindar, trayendo consigo no solo regalos, divisas y la lieta compañía de la familia y los amigos, también traen ¨los sueños que compramos”.

Nuestros queridos viajeros llegan felices por escapar del frio o la soledad de una Navidad fuera de la Patria, luciendo casi siempre con impecable ropa de marca, tenis en tendencia y una maleta con muchos regalos para todos, sin contar aquellos que prefieren enviar las famosas cajas repletas de comida desde antes de llegar, para que pueda ser repartido entre familiares y amigos del barrio. Cajas que además de alimentos, siempre llevan algo de ropa por si en el contenido de la maleta nos llega “a faltar alguien”.

Desde que pisan suelo dominicano, el derroche de dinero entre bebida y repartidera de  $500, los $2000, lo de la comida, la medicina del pobre viejo que esta pasando mucho, no se hacen esperar y los cálculos de lo que nos pagan a la semana, nunca pueden faltar, ocasionando que aquellos que no han tenido la oportunidad de pisar suelo extranjero, mantengan activado los oídos para absorber todos los “numeritos”. La calculadora automática del cerebro se dispara y misteriosamente logra hacer la conversión de dólares a pesos más rápido que cualquier sistema que pueda utilizar una agencia de cambio. Y así, van sacando cuentas de lo que pudieran estar ganando en dólares, lo convierten a pesos y hacen los cálculos de los gastos, como si fueran a quedarse viviendo en suelo dominicano mientras reciben salarios en moneda extranjera, error que la mayoría de nosotros hemos cometido en algún momento de nuestra vida, olvidándonos de que, por lo general, el gasto será proporcionalmente igual a la cantidad de nuestros ingresos y que tendremos varias limitantes como nuestro estatus migratorio, manejo del idioma y nuestra capacidad de adaptarnos o no a los rápidos y constantes cambios que implican la adaptación a un sistema de vida completamente diferente al nuestro.

Dentro de las tantas historias que surgen en los convites navideños, nunca nos cuentan de la presión que sentimos los 25 de cada mes cuando ya se esta acercando el pago del alquiler y el dinero no está completo porque fulanito cumplía años y le mandamos un regalito, un familiar se nos enfermó y hubo que incurrir en gastos médicos imprevistos o el sobrino nos pidió una recarga para el internet del celular, porque es de poco a poco como los pagos se descuadran de la manera más fácil. Nadie nos hace entender lo solitario e interminables que pueden ser los días cuando después de estar 2 horas en un trasporte público, lidiando con personas de todo tipo y diferentes incidencias climáticas, aún tienes que llegar a tu casa para preparar todo lo del día siguiente porque es más fácil encontrar esa aguja en el pajar que un vecino o un familiar que “te meta la mano” y si tienes la suerte de encontrarlo, hay que pagarle igual que a una persona particular o a veces hasta más, mientras que en nuestro hermoso país, cualquiera te hace el favor. Si tienes la dicha de poder vivir aquí con una pareja o un familiar consciente, todo se hace un poco más manejable, pero cuando eres padre o madre soltero todas las responsabilidades pesan más del doble. Nos venden palabras bonitas como “child Support” (pensión alimenticia), “alimony” (pensión que recibe el que tenga el menor ingreso a la hora de divorciarse, para que pueda mantener su estilo de vida por un tiempo) y los famosos cupones de comida, con lo que todo parecería estar resuelto para poder vivir en un sistema que te absorbe y te drena tan lentamente que si no cuentas con la información, las herramientas y la correcta educación, y no me refiero precisamente a la que se recibe en las escuelas, definitivamente el proceso solo se hará mas largo, mas duro de sobrellevar y parecerá eterno el tiempo que esperarás para poder comenzar a ver el camino que te conducirá hacia lo que en algún momento te habrás propuesto lograr.

Nos pasaremos días interminables en un empleo pobremente remunerado, donde pese a una pseudo igualdad de raza y genero la mayor parte de las veces querremos solo salir huyendo, en ocasiones con 2 empleos, corriendo de un lado a otro a toda prisa, comiendo lo que podamos porque pocas veces tendremos el suficiente tiempo o las energías para poder deleitarnos con un buen plato de comida y en las pocas ocasiones que logremos combinar ambos elementos, en cada bocado añoraremos el sazón de nuestra tierra, porque aunque los ingredientes pueden ser los mismos, el sabor indiscutiblemente es diferente.

“Nueva York es para hombres” dicen nuestros familiares y amigos después de habernos convencidos de tomar el riesgo, dar el salto, y comenzar desde la nada en la “Tierra de las Oportunidades”. Lo que le falta incluir en esa expresión es que las oportunidades se le presentan a las personas con un norte bien trazado, las personas con disciplina, perseverancia y dispuestas a arriesgarse, a dar siempre un paso más, a no rendirse y sobre todo, aquellas dispuestas a nunca dejar de soñar, porque solo ese sueño nos mantendrá cuerdos en medio de tantos desafíos y sinsabores y después de mucho tiempo, tendremos la dicha de volver a nuestro bello país, donde olvidaremos el sabor amargo de estar lejos de casa y solo recordaremos venderle a alguien mas el mismo sueño que compramos.

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2 Comments

  • mas acertado no puede estar el artículo, llegamos con maletas llenas de sueños y ilusiones ,que si no tienes hábitos de trabajo desde tu siudad natal, el sueño americano te consume, en soledad y frustración.

  • Muy interesante artículo me dan ganas de querer leer más como quiero más información cuál es la verdad real o realista sobre cruzar los Estados Unidos y ser indocumentado

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